Control de esfínter: cómo acompañar sin apurar
Dejar los pañales es un hito madurativo, no un trámite. Cuándo conviene empezar, qué esperar en el camino y por qué la presión de los adultos es el peor aliado del proceso.
El control de esfínter es uno de los grandes hitos del desarrollo infantil. Es un proceso biológico, largamente determinado por la maduración neurológica del niño o niña, pero que también tiene implicancias emocionales y psicológicas.
Para dejar los pañales, cada niño vive un proceso difícil y lleno de cambios. Lo más importante es enfrentarlo de manera relajada y positiva, sin poner muchas expectativas ni presiones —ni sobre el niño ni sobre uno mismo—, pero con la confianza de que es una destreza que en algún momento se va a adquirir.
Cuándo empezar
Por lo general la primavera y el verano son épocas más propicias: los niños andan con menos ropa y esta se seca más rápido. Además conviene elegir un momento en que no haya otros cambios grandes en curso: el nacimiento de otro hijo, un cambio de casa o un cambio en las personas que lo cuidan.
Es una oportunidad, no un trámite
Más allá de dejar el pañal, este proceso puede ser una gran oportunidad para potenciar el vínculo: dialogar, contener sus emociones y acompañarlo en sus avances y dificultades. Es esperable que los adultos tengamos dudas y temores, sobre todo si es la primera vez.
Se trata de una experiencia única para cada niño. No solo él o ella debe estar preparado para comenzar: los adultos también debemos disponernos a invertir tiempo, energía y, especialmente, constancia durante todo el período que sea necesario.
La clave: que el logro sea suyo
Es fundamental que confiemos en sus capacidades, validemos cada esfuerzo y avance, y respetemos en todo momento sus características y sus ritmos. Vale la pena ponerse en su lugar: este desafío implica que, por primera vez y con tanto énfasis, postergue la satisfacción de una necesidad.
El objetivo es que sienta que va logrando dejar los pañales por sí mismo, y no como una imposición de los adultos. Esa diferencia, que parece sutil, es la que hace que el proceso avance o se estanque.
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